Introducción
S. Freud en su Obra de 1915, “Lo Inconsciente”,
se propone hacer un recorrido por la evolución de dicho concepto. No obstante,
concluye apoyándose en los síntomas psicopatológicos, entendidos como
“formaciones o manifestaciones” del Inconsciente a través de los cuales, sería
plausible reconocerlo. A dichos fines, citará a modo de ejemplo, la forma de
operar de los mecanismos que intervienen en la producción de síntomas en la
esquizofrenia (a quien no dedicara tanto interés como el depositado en el
estudio de la neurosis); a través de lo que da en llamar el “lenguaje de los
órganos” y dice:
“En la esquizofrenia, quedan sometidas las palabras al mismo proceso que forma las imágenes oníricas partiendo de las ideas latentes del sueño [entendido como formación del Inconsciente], o sea al proceso psíquico primario. Las palabras quedan condensadas y se transfieren sus cargas unas a otras, por medio del desplazamiento… Esta conclusión nos obliga a modificar nuestra hipótesis de que la carga de objetos queda interrumpida en la esquizofrenia y a reconocer que continúa siendo mantenida la carga de las representaciones verbales [o representación palabra, en oposición a la representación cosa, tema que se profundizará a lo largo del ensayo] de los objetos… El sistema Inc. contiene las cargas objetivas de los objetos, o sea las primeras y verdaderas cargas de objeto. El sistema Precc nace a consecuencia de la sobrecarga de la representación objetiva [representación cosa] por su conexión con las representaciones verbales a ella correspondientes. Habremos de suponer, que estas sobrecargas son las que traen consigo una más elevada organización psíquica y hacen posible la sustitución del proceso primario por el proceso secundario, dominante en el sistema Precc.”1
“En la esquizofrenia, quedan sometidas las palabras al mismo proceso que forma las imágenes oníricas partiendo de las ideas latentes del sueño [entendido como formación del Inconsciente], o sea al proceso psíquico primario. Las palabras quedan condensadas y se transfieren sus cargas unas a otras, por medio del desplazamiento… Esta conclusión nos obliga a modificar nuestra hipótesis de que la carga de objetos queda interrumpida en la esquizofrenia y a reconocer que continúa siendo mantenida la carga de las representaciones verbales [o representación palabra, en oposición a la representación cosa, tema que se profundizará a lo largo del ensayo] de los objetos… El sistema Inc. contiene las cargas objetivas de los objetos, o sea las primeras y verdaderas cargas de objeto. El sistema Precc nace a consecuencia de la sobrecarga de la representación objetiva [representación cosa] por su conexión con las representaciones verbales a ella correspondientes. Habremos de suponer, que estas sobrecargas son las que traen consigo una más elevada organización psíquica y hacen posible la sustitución del proceso primario por el proceso secundario, dominante en el sistema Precc.”1
Ahora bien, ¿por qué Freud establece esta
relación entre “la palabra” del esquizofrénico y “las imágenes oníricas” de los
sueños en general? ¿Cuál es el valor real que Freud atribuye a las representaciones,
a la hora de articular su idea de Inconsciente? ¿Cuál es la relación que queda
establecida entre inconsciente freudiano-representaciones-lenguaje? ¿Cómo
articular los síntomas psicopatológicos dentro de esta lógica?
Ante dichos interrogantes, es menester hacer un
recorrido por la obra de Freud, a fin de contextualizar la importancia de
conocer el valor atribuido a las “representaciones” y su relación con el
inconsciente así como, la particularidad que manifiesta en la psicopatología en
cuanto a su relación con el síntoma.
A estos fines, será de suma importancia (entre
otras), la obra del Dr. Mauricio Fernández Arcila, de la Universidad de
Antioquia, quién en la primera parte de su libro “Del inconsciente freudiano al
significante lacaniano” trabaja precisamente, los conceptos de inconsciente y
representación, en la Obra de Freud y su correspondiente relectura en Lacan.
Ésta, junto a una breve ubicación de la importancia del lenguaje en la vida
humana a partir de los aportes de la lingüística saussuriana, constituirá la
primera parte del desarrollo de este trabajo.
Pero el interés sobre esta relación “inconsciente-lenguaje”, será considerado desde un ángulo en particular, como se ha mencionado. Para lo cual se retomará y pormenorizará, la vinculación que existe entre el inconsciente y el “síntoma”, como formación de compromiso. ¿Qué es lo que nos dice (o lo que no puede decir) ese síntoma en tanto manifestación o formación del Inconsciente?, ¿qué le dice ese síntoma al Modelo médico-psiquiátrico?, ¿qué tipo de escucha brinda dicho modelo al síntoma? Y finalmente, ¿cuál es y ha sido, la respuesta de la Psiquiatría frente al síntoma?
Pero el interés sobre esta relación “inconsciente-lenguaje”, será considerado desde un ángulo en particular, como se ha mencionado. Para lo cual se retomará y pormenorizará, la vinculación que existe entre el inconsciente y el “síntoma”, como formación de compromiso. ¿Qué es lo que nos dice (o lo que no puede decir) ese síntoma en tanto manifestación o formación del Inconsciente?, ¿qué le dice ese síntoma al Modelo médico-psiquiátrico?, ¿qué tipo de escucha brinda dicho modelo al síntoma? Y finalmente, ¿cuál es y ha sido, la respuesta de la Psiquiatría frente al síntoma?
Para la parte final de este ensayo, retomaremos los fundamentos del DSM como Manual clasificatorio de trastornos psicopatológicos, entre otras reflexiones al respecto.
De esta forma, se analizará el objetivo fundamental de este trabajo, en cuanto al interés por definir el papel del lenguaje en psicoanálisis a partir de su relación con el inconsciente, y con el síntoma en particular. Comparando además, la forma de entenderlo y abordarlo (o no hacerlo), tanto desde el Psicoanálisis, como desde el punto de vista de la Psiquiatría.
I. Desarrollo
A. El Lenguaje
El lenguaje es el objeto de estudio de la lingüística, que es la ciencia que se ocupa de todas las manifestaciones del lenguaje, sin distinción de raza, época, lugar, en fin, cultura; y sin obviar ninguna de sus formas de expresión.
Ahora bien, basándonos en la lingüística saussureana2 respecto a la naturaleza del lenguaje, encontramos que para el autor, resulta sumamente dificultoso estudiar al lenguaje en sí, como estructura, dado que:
“Tomado en su conjunto, el lenguaje es multiforme y heteróclito; a caballo en diferentes dominios, a la vez físico, fisiológico y psicológico, pertenece además al dominio individual y al dominio social; no se deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos humanos, porque no se sabe cómo desembrollar su unidad”3
Es por este motivo que propondrá como solución ante esta dificultad:
“…colocarse desde el primer momento en el terreno de la lengua y tomarla como norma de todas las otras manifestaciones del lenguaje”4
Además, basándonos en los argumentos de Philippe Guilhem respecto a la obra de Saussure podemos agregar:
“F. de Saussure considera el lenguaje en dos
aspectos interdependientes y complementarios, la lengua, reserva organizativa y
colectiva del lenguaje, herramienta necesaria para el ejercicio de la facultad
del lenguaje, el código esencial. El habla que <no hace más que concretizar
la organización de la lengua [según Martinet y Mounin, cita del autor]>
fenómeno de utilización individual del lenguaje del cual es, la esfera social”5
De esta forma podemos concluir, que si la
recomendación del propio padre de la lingüística es posicionarse en el terreno
de la lengua, un buen punto de partida será conocer qué es lo que entiende por
la misma. A lo que dicho autor responde:
“La lengua es un sistema de signos que expresan
ideas…”6
De esta definición nos surge otro interrogante
que debemos develar a fin de conocer mejor la naturaleza de la lengua y por
ende la facultad del lenguaje. ¿Qué quiere decir Saussure al expresar que la
lengua es un sistema de signos?:
“… Saussure considera el signo como la unión de
un significante con un significado, unión que solo puede realizarse en un
conjunto de estrecha relación con los otros signos. Por consiguiente, es una
doble relatividad la que constituye la base del valor del signo; relación ste.
sdo. (Relación entre significante y significado) y relación de signo a signo,
lo que implica también una solidaridad de los signos unos con otros y un
sistema de relaciones en el que cada elemento depende de los otros y sólo está
allí <para y por los otros>”7
En cuanto a la naturaleza del significante y del significado que constituyen al signo, Saussure dirá a fin de ejemplificar mejor esta relación, que ambos se corresponden respectivamente con una imagen acústica y un concepto. Entendiendo a la primera como una “huella psíquica”:
En cuanto a la naturaleza del significante y del significado que constituyen al signo, Saussure dirá a fin de ejemplificar mejor esta relación, que ambos se corresponden respectivamente con una imagen acústica y un concepto. Entendiendo a la primera como una “huella psíquica”:
“… la representación que de él nos da el
testimonio de nuestros sentidos; esa imagen sensorial, y si llegamos a llamarla
“material” es solamente en este sentido y por oposición al otro término de la
asociación, el concepto, generalmente más abstracto”8.
Y así el autor, a los fines didácticos, introducirá la metáfora del signo lingüístico como una moneda, donde una de sus caras corresponderá al ste y la otra al sdo, términos indisociables entre sí:
Y así el autor, a los fines didácticos, introducirá la metáfora del signo lingüístico como una moneda, donde una de sus caras corresponderá al ste y la otra al sdo, términos indisociables entre sí:
“…una entidad psíquica de dos caras… íntimamente
unidas que se reclaman recíprocamente.”9
Dicha entidad posee a su vez, dos características
principales a saber: ser arbitraria y tener un carácter lineal.
Siguiendo a Saussure comencemos por vislumbrar,
¿qué es lo que entiende por arbitrario?:
“El lazo que une el significante al significado
es arbitrario… inmotivado… con relación al significado con el cual no guarda en
la realidad ningún lazo natural”10
Y continuando con los esclarecimientos, ¿qué es lo que entiende por carácter lineal del signo?:
Y continuando con los esclarecimientos, ¿qué es lo que entiende por carácter lineal del signo?:
“El significante, por ser de naturaleza auditiva,
se desenvuelve en el tiempo únicamente y tiene los caracteres que toma del
tiempo: a) representa una extensión y b) esa extensión es mensurable en una
sola dimensión; es una línea… sus elementos se presentan uno tras otro; forman
una cadena”11
Antes de pasar a explicar en qué forma se
constituyen las relaciones entre signos, es importante contemplar dos
características más que el autor atribuye al signo, a simple vista
contradictorias, pero llenas de sentido una vez que se las analiza: “la
inmutabilidad y la mutabilidad”.
¿Qué nos quiere decir Saussure al afirmar que el
signo lingüístico es inmutable?, ¿en qué elemento se apoya para tal
aseveración? El autor partirá de una de las caras de esta moneda, el
significante, para sustentar dicho principio:
“Si con relación a la idea que representa,
aparece el significante como elegido libremente, en cambio, con relación a la
comunidad lingüística que lo emplea, no es libre, es impuesto. A la masa social
no se le consulta; además, el significante elegido por la lengua no podría
tampoco ser reemplazado por otro […] Un estado de lengua dado siempre es
producto de factores históricos, y esos factores son los que explican por qué
el signo es inmutable, es decir, por qué resiste toda sustitución arbitraria”12
Corresponde al carácter lineal de la lengua,
expuesto anteriormente, dar testimonio de la afirmación respecto a la
mutabilidad del signo, por lo tanto dirá Saussure:
“El tiempo, que asegura la continuidad de la lengua, tiene otro efecto, en apariencia contradictorio con el primero [aquí el autor se refiere a la inmutabilidad]: el de alterar más o menos rápidamente los signos lingüísticos, de modo que, en cierto sentido, se puede hablar a la vez de la inmutabilidad y de la mutabilidad del signo […] el signo está en condiciones de alterarse porque se continúa. Lo que domina en toda alteración es la persistencia de la materia vieja; la infidelidad al pasado sólo es relativa. Por eso el principio de alteración se funda en el principio de continuidad […] la palabra alteración… siempre conduce a un desplazamiento de la relación entre el significado y el significante”13
Luego de haber expuesto en detalle las características del signo lingüístico, contamos con los principios necesarios para averiguar, ¿cómo se establecen estas relaciones entre signos que constituirán el sistema que dará sentido a la lengua?:
“El tiempo, que asegura la continuidad de la lengua, tiene otro efecto, en apariencia contradictorio con el primero [aquí el autor se refiere a la inmutabilidad]: el de alterar más o menos rápidamente los signos lingüísticos, de modo que, en cierto sentido, se puede hablar a la vez de la inmutabilidad y de la mutabilidad del signo […] el signo está en condiciones de alterarse porque se continúa. Lo que domina en toda alteración es la persistencia de la materia vieja; la infidelidad al pasado sólo es relativa. Por eso el principio de alteración se funda en el principio de continuidad […] la palabra alteración… siempre conduce a un desplazamiento de la relación entre el significado y el significante”13
Luego de haber expuesto en detalle las características del signo lingüístico, contamos con los principios necesarios para averiguar, ¿cómo se establecen estas relaciones entre signos que constituirán el sistema que dará sentido a la lengua?:
“… Saussure insiste –C. L. G., 2da. Parte,
capítulo V—particularmente en los diferentes niveles de relación o de
correspondencia; el nivel de la cadena de expresiones, el sintagma que considera
como un engranaje in Praesentia, después se llamará una realización de discurso
o un fenómeno efectivo o incluso una performance, el nivel asociativo que
también se llama paradigmático y que considera como un engranaje in absentia,
después se llamará un hecho de lengua o un fenómeno potencial o de
competencia.”14
Hasta aquí una aproximación a la concepción del
lenguaje desde la lingüística saussureana, pero cabe destacar, que esta idea
sufrió varias mutaciones a partir, de por ejemplo, el “retorno a Freud” que
decide emprender Jacques Lacan mediante una minuciosa lectura de la obra
freudiana, cuyo fin consistía en darle una resignificación al inconsciente a
partir del lenguaje. Respecto a esta ambiciosa tarea, es necesario resaltar, la
inquietud de Lacan por reestructurar o, mejor dicho “estructurar”, el objeto de
estudio del psicoanálisis en sí, es decir el inconsciente.
De estas mutaciones de la lingüística saussuriana
propiciadas por Lacan, la más significativa es sin duda la resignificación del
significante saussureano. Así encontramos, que para Lacan el significante no
remite a ningún significado, sino al sujeto mismo como su significación, por lo
tanto a partir de esta concepción donde el sujeto ocupa el lugar del
significante, éste lugar no parece coincidir ni con el lenguaje, ni con el
conjunto de significantes que forman al Otro siendo así, este lugar donde opera
el inconsciente sería precisamente “el corte entre el Sujeto y el Otro”, es
decir una posición transindividual, pues trasciende el espacio netamente
subjetivo y además, el exterior.
Siguiendo las similitudes del inconsciente con el
lenguaje cabe destacar, según Fernández Arcila, que si: “…coincide con la
exterioridad e individualidad de lo simbólico, es por que equivale a su
estructura. De concretas cadenas de significantes pasa a ser igual al orden
significante, sujeto a unas leyes de composición (metáfora y metonimia)”15
Partiendo de los principios que Lacan hubiera
elaborado en 1971 durante Le Séminaire livre 18: D`un discours qui ne serait
pas du semblant.
Para concluir podemos decir, que a partir de esta
visión mediadora del inconsciente, entre el sujeto y el Otro, que éste esté
estructurado como un lenguaje equivaldría a pensar, que las reglas que operan
en el lenguaje serían las vías que nos permitirían entender o develar la trama
de los pensamientos inconscientes, pero el autor nos dice que para Lacan el
inconsciente no tendría expresividad y estaría constituido por contenidos
ambiguos, lo que lo llevaría a reducirlo a “un lenguaje o al lenguaje”, según
como el mismo lo llamaría en sus escritos de 1965 (Le Séminaire livre13:
L´Objet de le pychanalyse). A partir de aquí, el autor hará un seguimiento de
los estudios que Lacan efectuó respecto a la obra freudiana a fin de elaborar
la idea antes señalada.
Observando así que, desde el 1953 cuando se
fortalece su afiliación freudiana, estudia una serie de manifestaciones
inconscientes a partir de análisis de tipo lingüístico, según los cuales el
síntoma, será redefinido concibiéndolo como “estructurado como un lenguaje”
(como señalamos párrafos arriba), en donde hay una palabra que debe liberarse
para esto, tendrá que leerse en una concatenación de significantes, solo así se
retornará a la verdad que oculta.
Esta cadena significante tomará más relevancia un año después, en el Seminario 2, en la sesión que le dedica a La carta robada de Poe pasando a ser, “lo esencial del lenguaje” mientras que en la sesión del 56´, entenderá que para definir correctamente a la experiencia freudiana debe reconocerse primero la supremacía del significante, según sus estudios sobre la psicosis.
Esta cadena significante tomará más relevancia un año después, en el Seminario 2, en la sesión que le dedica a La carta robada de Poe pasando a ser, “lo esencial del lenguaje” mientras que en la sesión del 56´, entenderá que para definir correctamente a la experiencia freudiana debe reconocerse primero la supremacía del significante, según sus estudios sobre la psicosis.
Cabe destacar además, que Lacan es un continuador
de las tesis jakobsonianas de las cuales se servirá para elaborar sus ideas
respecto a la metáfora y la metonimia, partiendo de las distinciones respecto a
la organización del signo lingüístico planteada por Jakobson, el cual decía que
el mismo puede organizarse por combinación o sustitución (Jakobson: “Dos
aspectos del lenguaje y dos tipos de afasia”, 1963), lo que se corresponde
respectivamente, con los conceptos saussureanos de sintagma y paradigma, a
partir de la constatación de dos tipos de afasias.
Con la salvedad que para Lacan, en disonancia con
Jakobson, tanto la metáfora como la metonimia, no serán aspectos accesorios del
lenguaje, sino que constituirán “la ley del lenguaje”.
Otra de las diferencias estaría dada en que,
cuando Jakobson habla de signos, Lacan considera la combinación y selección de
significantes, lo que hace suponer, dice el autor, que no se producirán ni
contigüidades ni similaridades semánticas. Aunque, posteriormente planteará que
sí existe una conexión entre significantes a partir de la metonimia.
En cuanto a la metáfora dirá que a diferencia de
la anterior, emerge entre dos significantes de los cuales uno ha sustituido el
lugar del otro en la cadena no obstante el sustituido, se haya presente por su
conexión metonímica con el resto de la cadena. Lo que si no es equiparable con
la metáfora y la metonimia, son los mecanismos del inconsciente planteados por
Freud (a la concepción en cuanto a la relación entre el inconsciente y el
lenguaje dedicaremos el siguiente punto de este ensayo ), es decir, la
condensación y el desplazamiento, pues se diferencian en la condición que les
impone a los mecanismos inconscientes, la materialidad del mismo elemento
inconsciente, lo que en palabras de Freud sería “el cuidado por la
representabilidad”, mientras que la metáfora y la metonimia son mecanismos
lingüísticos.
Hasta acá la relación de Lacan con la lingüística saussureana y jakobsoniana, la cual irá diluyéndose a partir de 1964, momento en el cual la teoría lacaniana sufrirá un viraje con la introducción del objeto a, como opuesto al sujeto del significante. No obstante el tema de este ensayo va dirigido hacia la obra de Freud, no a la forma en la que Lacan afirma haber retomado los puntos inconclusos que por causas mayores, debió dejar Freud en su propia Obra.
Hasta acá la relación de Lacan con la lingüística saussureana y jakobsoniana, la cual irá diluyéndose a partir de 1964, momento en el cual la teoría lacaniana sufrirá un viraje con la introducción del objeto a, como opuesto al sujeto del significante. No obstante el tema de este ensayo va dirigido hacia la obra de Freud, no a la forma en la que Lacan afirma haber retomado los puntos inconclusos que por causas mayores, debió dejar Freud en su propia Obra.
Por este motivo, Lacan deberá esperar a trabajos
posteriores.
B. “Inconsciente y representación…”
Podemos decir, respecto al desarrollo que fue
atravesando en tema del lenguaje en la obra freudiana, que fue durante la
prehistoria psicoanalítica (en el Proyecto…), donde encontramos las primeras
ideas innovadoras en relación a su época, respecto a lo que daría en llamar “el
aparato del lenguaje” cuyos componentes principales, serían “las
representaciones de palabra” y “las representaciones de objeto” (las últimas
pasarán a llamarse posteriormente, “representaciones de cosa”). Inaugurando un
lenguaje metapsicológico en el sitio que anteriormente le adjudicara a la
neurología (período de las publicaciones neurológicas, comprendido entre
1888-1895) y oponiéndose además, a las ideas localizacionistas que intentarían
dar una ubicación fisiológica a las representaciones.
Según Fernández Arcila, (2001), Freud le daría un valor preponderante a la “palabra” (representación de), al aseverar que ésta debe entenderse como la “unidad funcional” del lenguaje, actuando como una representación compleja en donde los diferentes elementos sensoriales enumerados se asocian en ella; a diferencia de lo que ocurre con las representaciones de objeto, que asocian las representaciones sensoriales más heterogéneas que, sin embargo, sirven para darle significación a la anterior.
Según Fernández Arcila, (2001), Freud le daría un valor preponderante a la “palabra” (representación de), al aseverar que ésta debe entenderse como la “unidad funcional” del lenguaje, actuando como una representación compleja en donde los diferentes elementos sensoriales enumerados se asocian en ella; a diferencia de lo que ocurre con las representaciones de objeto, que asocian las representaciones sensoriales más heterogéneas que, sin embargo, sirven para darle significación a la anterior.
Freud se basa en la teoría de un discípulo de
Jackson, quien se apoyaba en los estudios de la discriminación de la
excitabilidad en tres grados, con el objetivo de explicar la reacción global
del aparato del lenguaje. El primero de los grados corresponde a la “incitación
arbitraria”; en él nos detendremos a continuación, dado que se corresponde con
el uso espontáneo de las palabras.
Este primer grado actúa además, como nexo entre
ambas representaciones, pero parte de las representaciones de objeto.
De esta forma, Freud ultimará su trabajo sobre
las afasias, con la idea de que la significación depende de los vínculos con
dichas representaciones.
Esta conclusión a la que llega, estaría en
correspondencia con las ideas saussureanas antes expuestas, en donde
recordemos, la significación sería dada por la relación que existe entre
significante y significado es decir, entre la cosa y la imagen acústica. Idea
que irá mutando, tanto en los análisis de Freud como en la crítica que
posteriormente hará J. Lacan, como hemos analizado en el acápite anterior.
Este énfasis depositado en el trabajo asociativo
se corresponde con un cambio de técnica, a fin de buscar las conexiones que
permitan dilucidar el factor determinante de los síntomas. Innovación que lo
llevará a descubrir por un lado, nuevas representaciones y por el otro, un
cambio orientado hacia las relaciones lógico-semánticas o lingüística.
Y respecto a éste viraje teórico dice Fernández
Arcila que:
“Ciertas determinaciones asociativas, llamadas
simbolizaciones y en las cuales intervienen las palabras, se mostrarán a Freud
con un mayor poder determinativo que el de las asociaciones productoras del
“símbolo mnémico”. Como consecuencia del descubrimiento de estas
“simbolizaciones” y de la situación psíquica a la cual está sometido el
paciente durante el tratamiento, se revelará a Freud la analogía de ellas con
el chiste y los sueños. Sin embargo, a pesar de la importancia de estas
determinaciones asociativas, y no obstante la comprensión que las
representaciones ofrecen del contenido y de las transformaciones de los
síntomas, Freud no suprime los factores energéticos.”16
Por lo tanto, Freud llegará a admitir que en
ocasiones, las simbolizaciones (symbolisierung) son los únicos factores determinantes
de síntomas pero sólo en ocasiones, debido a que aún se rehúsa a concebir la
idea de que sea un “fenómeno ideógeno” el causante del mismo, otorgándoles esta
responsabilidad a las defensas, con sus “atributos energéticos y voluntarios”.
Pero la defensa, nos dice el autor, no lo ayuda a
explicar las múltiples asociaciones que se producen entre el síntoma y las
representaciones “intermediarias”, es decir continúa sin conocerse el agente
determinante de la elección del síntoma. No obstante, citando lo expuesto por
Freud en 1895:
“De todos estos resultados del presionar, uno
obtiene la engañosa impresión de una inteligencia superior que estaría fuera de
la conciencia del enfermo, mantendría cohesionado con determinados fines un
gran material psíquico e instauraría un ordenamiento pleno de sentido para su
retorno a la conciencia”17.
Desde aquí se vislumbra que Freud empieza a
concebir la idea de algo que escapa a la conciencia, pero que no obstante se
mantiene eficiente, es decir, lo que posteriormente concebirá como el
inconsciente en sentido dinámico.
En los “Estudios sobre la histeria” de 1895,
según el autor, Freud dará una nueva función a lo energético, al decir que es
la presencia de la estimulación (es decir, el afecto ligado a la representación
reprimida) lo que determina la intensidad del síntoma mientras que la ausencia
de la misma, mantendrá inconscientes a las representaciones reprimidas
disociadas.
Sigue viéndose la necesidad de una fundamentación objetiva para los procesos psíquicos, la cual quedaría satisfecha mediante los procesos energéticos; no obstante las representaciones le darían elementos para comprender las determinantes de los síntomas, pero no alcanzarían aún, para ser consideradas como sus causantes, pues serían entidades muy “evanescentes” para explicarlos.
Sigue viéndose la necesidad de una fundamentación objetiva para los procesos psíquicos, la cual quedaría satisfecha mediante los procesos energéticos; no obstante las representaciones le darían elementos para comprender las determinantes de los síntomas, pero no alcanzarían aún, para ser consideradas como sus causantes, pues serían entidades muy “evanescentes” para explicarlos.
Así vemos, que este problema estaría aparejado a
la cuestión de ver las condiciones que favorecen la eficiencia de las
representaciones inconscientes partiendo del hecho que para Freud, el síntoma
es entendido como el principal efecto de la eficacia de dichas
representaciones, en la medida en que es capaz de reproducir ciertas
experiencias en forma de “símbolos mnémicos”, como si fueran hechos actuales.
Será el texto de 1895, “Proyecto de Psicología
para neurólogos”, el que utilizará el autor para dar cuenta de las diferentes
soluciones que plantea Freud a fin de determinar, cómo las representaciones
inconscientes cobran la fuerza suficiente para transponerse en la realidad
caracterizando al síntoma (eficacia de las representaciones).
Un claro ejemplo de esto, es el de la “realidad objetiva” o la “creencia”, término empleado por Freud, que data desde 1890 en el “Tratamiento psíquico” donde se utilizaría, para dar cuenta de la incidencia que puede tener un contenido ideógeno sobre el cuerpo, de la misma forma que las órdenes pos hipnóticas. Esto llevará al autor a considerar, que en la base tanto de la hipnosis como de las creencias, lo que encontraríamos es un “acaparamiento de la atención”.
Un claro ejemplo de esto, es el de la “realidad objetiva” o la “creencia”, término empleado por Freud, que data desde 1890 en el “Tratamiento psíquico” donde se utilizaría, para dar cuenta de la incidencia que puede tener un contenido ideógeno sobre el cuerpo, de la misma forma que las órdenes pos hipnóticas. Esto llevará al autor a considerar, que en la base tanto de la hipnosis como de las creencias, lo que encontraríamos es un “acaparamiento de la atención”.
De las conclusiones que nos brinda Fernández
Arcila sobre este texto se desprende, que uno de los causantes de la
efectividad de las representaciones, es la falta de inhibiciones que opone el
Yo sobre las mismas sin dejar de poner énfasis, claro está, en el quantum de
afecto que supone la representación, como habíamos visto anteriormente. Dado
que, por ejemplo en la hipnosis, el Yo atiende a la orden del hipnotizador y no
a la representación en sí, hecho que le permite a la misma desarrollarse.
También los descubrimientos elaborados por Freud
en el Proyecto posibilitarán el descubrimiento de los fundamentos de las
representaciones en una “génesis perceptiva” a partir, principalmente, de la
relación entre la representación de la cosa y la percepción.
Ahora bien, para explicar la estructura del complejo-percepción Freud habla, en este mismo trabajo, de una organización neuronal. Lo que fuera de este análisis estructural, no es otra cosa que decir, que el mismo se constituye a partir de que el niño percibe a la persona encargada de satisfacer sus demandas.
Ahora bien, para explicar la estructura del complejo-percepción Freud habla, en este mismo trabajo, de una organización neuronal. Lo que fuera de este análisis estructural, no es otra cosa que decir, que el mismo se constituye a partir de que el niño percibe a la persona encargada de satisfacer sus demandas.
Esta nueva imagen de la representación de objeto
o cosa es mucho más rica que la presentada en el trabajo sobre las afasias,
como “conjunto no estructurado de imágenes yuxtapuestas”; puesto que ahora las
representaciones, constituyen los complejos perceptivos. A esta relación: representación
de objeto-parte invariante (la cosa) del complejo perceptivo, Freud le sumará
en éste trabajo un tercer elemento, según la interpretación de Fernández
Arcila, que es el “Yo”, a partir de las neuronas nucleares que forman su núcleo
y constituyen un reservorio de excitaciones, función que Freud le atribuye
también a la cosa a partir del análisis del lenguaje.
Respecto a la relación entre la cosa y el núcleo
del yo, esta parte invariante del complejo no quedaría excluida de
representación, sino sólo fuera del juicio, porque no deja al pensamiento
orientarse hacia la consciencia; actuando como una investidura-percepción sin
atención que no obstante, puede ser tomada por el pensamiento inconsciente. De
esta forma la cosa podría quedar dentro de un proceso asociativo de carácter
inconsciente, que no tiene la posibilidad de volverse pensamiento. Por lo
tanto, el énfasis ya no estaría en el proceso atencional, sino en la intensidad
de la parte invariante del complejo.
Pero según Fernández Arcila es recién en 1915, en
su obra “Lo inconsciente”, que Freud se preguntará respecto a la incapacidad de
las representaciones de cosa de hacerse conscientes a partir de sus restos de
percepción, necesitando relacionarse con las representaciones de palabra, a
pesar de que el sistema inconsciente es quien contiene a las investiduras de
cosa de los objetos y que las representaciones de cosa, surgen a partir de la
percepción sensorial. A lo que responde mediante la hipótesis de que; las
representaciones de cosa, al haberse separado de los restos de percepción
originarios, nada conservan de ellos o bien, no conservaron sus cualidades por
considerarlas simples relaciones abstractas entre las representaciones de objeto.
Estas manifestaciones serían contrarias a las
formuladas en el Proyecto, enfatizando el papel de las representaciones-palabra
y del carácter “abstracto”, perteneciente a conceptos de las inscripciones
inconscientes. Según lo dicho por Freud:
“...mediante el enlace con palabras pueden ser
provistas de cualidad aun aquellas investiduras que no pudieron llevarse
cualidad ninguna de las percepciones porque correspondían a meras relaciones
entre las representaciones-objeto.”18
Es decir, más allá de la relación entre la
representación cosa-percepción, están las representaciones de palabra, para
darles “cualidad”.
En “El Yo y el Ello”, de 1923, estas
representaciones serán el puente que permita diferenciar los sistemas Pre
consciente e Inconsciente, sin tener necesidad de mencionar la consciencia.
En cuanto al problema de develar como los pensamientos, siendo inconscientes, son vivenciados como percepciones verdaderas, vuelve a recurrir a la mediación de las representaciones-palabras, que al sobre investir al pensamiento, lo hacen devenir como proveniente del exterior y por lo tanto, parecer real.
En cuanto al problema de develar como los pensamientos, siendo inconscientes, son vivenciados como percepciones verdaderas, vuelve a recurrir a la mediación de las representaciones-palabras, que al sobre investir al pensamiento, lo hacen devenir como proveniente del exterior y por lo tanto, parecer real.
Esto se puede observar en los sentimientos de
culpa, problema nuclear de las neurosis como bien señala Fernández Arcila, pues
son vivenciados, aunque en la realidad no se haya cometido ningún “delito”, por
la sola representación del mismo, como diría Freud en “La negación” desde 1925.
C. Lenguaje y síntoma en Freud
Como vimos en el capítulo anterior, al analizar
la evolución del concepto “representación” en la obra de Freud, podemos ultimar
que la importancia del mismo está dada por el interés en poder leer, a partir
del lenguaje, al síntoma entendido como manifestación del inconsciente
dinámico, eficaz, en contraposición a las visiones descriptivas que le
anteceden:
"...la conexión causal del trauma psíquico con el fenómeno histérico no consiste en que el trauma actúe de agente provocador, haciendo surgir el síntoma el cual continuaría subsistiendo independientemente. Hemos de afirmar más bien que el trauma psíquico, o su recuerdo, actúa a modo de un cuerpo extraño; que continúa ejerciendo sobre el organismo una acción eficaz y presente, por mucho tiempo que haya transcurrido desde su penetración en él".19
"...la conexión causal del trauma psíquico con el fenómeno histérico no consiste en que el trauma actúe de agente provocador, haciendo surgir el síntoma el cual continuaría subsistiendo independientemente. Hemos de afirmar más bien que el trauma psíquico, o su recuerdo, actúa a modo de un cuerpo extraño; que continúa ejerciendo sobre el organismo una acción eficaz y presente, por mucho tiempo que haya transcurrido desde su penetración en él".19
Para profundizar aún más en la relación que
mantiene el lenguaje con el síntoma, siendo el primero una vía de acceso dentro
del espacio analítico, de aquello que por su “ubicación” en la vida anímica del
sujeto, resulta dificultoso apalabrar motivo por el cual, se manifiesta en
forma de síntoma.
Empecemos por decirlo de alguna manera, por las
conclusiones.
Citamos uno de los aportes que presenta Alejandro
Salamonovitz (1999) a la definición de “síntoma”, como vía de inserción del
“trastorno depresivo” a la clínica psicoanalítica. A dichos fines, lo
presentará como una entidad “diferente al síntoma”, en tanto consiste
precisamente, en el silencio es decir, en un momento anterior a la palabra, en
la incapacidad de encontrar alguna vía para expresar nuestro deseo.
La depresión es “un padecimiento que produce la
presencia de un deseo irrealizable”, si entendemos a la realización de deseo en
la forma en que la expresa Salamonovitz, como “la posibilidad de decir algo en
cualquier lenguaje”.
Y es en este punto, donde precisamente reside la
relación entre síntoma y lenguaje. El síntoma, al corresponderse con el
inconsciente en tanto es una de sus manifestaciones, actúa como uno de sus
“decires”. El sujeto dice en síntomas lo que no puede expresar en palabras
(piénsese por ejemplo, en la histeria de conversión, donde el síntoma habla a
través del cuerpo). Tras estas aseveraciones, no resulta ilógico que
Salamonovitz plantee al síntoma como vía hacia la cura de la depresión (o
silencio melancólico, como también lo llama, al reconocer la ausencia del
término depresión en Freud), en tanto al igual que las otras formaciones de
compromiso20 (sueños, actos fallidos, chistes, olvidos)
20 “Cuando señala que el síntoma es una formación
de compromiso, Freud expresa que lo inconsciente toma parte en la creación de
dicha manifestación. El síntoma no ha brotado a motivo de nada, sino como
respuesta a una disputa entre lo consciente y lo inconsciente que se ha
resuelto por un consenso entre ambas instancias psíquicas. La presión ejercida
por lo reprimido en su intento de ingresar a la conciencia ha sido controlada
por las fracciones defensivas mediante la represión. Sin embargo, lo que
parecía manejado y se encontraba desalojado de la conciencia, pulsa por su
expresión y espera el momento adecuado para darse a conocer. Es ahí cuando responden
a realizaciones del deseo. De esta forma el paso de la depresión a un estado
menos doloroso estaría representado por el “transito del silencio a la
palabra”:
“Los síntomas son maneras de hablar en lenguajes
arcaicos. Estos lenguajes son irreconocibles para el yo. El empleo de la
interpretación como método clínico no sería justificable si negáramos el hecho
de que el síntoma es palabra. La interpretación exitosa es la que permite decir
de otra manera, cambiar la palabra del síntoma por la palabra poética. Este
lograr decir de otra manera, apunta a sostener la realización del deseo por
caminos menos dolorosos. Cualquier terapéutica que apunte a suprimir el síntoma
en el sentido de silenciar su valor de palabra, contraviene la ética
psicoanalítica que aquí suscribimos. La ética del psicoanálisis no es suprimir
los síntomas –lo cual sería un acto eminentemente psiquiátrico—sino hacer
hablar con otro lenguaje lo que atañe al deseo. La violación a esta ética, que
confiere su especificidad a la clínica psicoanalítica, implica cambiar la
palabra del síntoma por el silencio de la depresión… es un terrible mal que
está más acá del síntoma, antes de la palabra, en el silencio desesperado de
millones de seres humanos que bordean la desesperanza”21
Continuando nuestro recorrido desde esta ética
del psicoanálisis, que pugna por hacer palabra, desde una posición menos
dolorosa, nos remontaremos nuevamente a la prehistoria del Psicoanálisis, cual
retorno a la escena primordial durante el segundo momento en la “Teoría del
trauma psíquico”22, para recordar el célebre nombre que diera una de las
pacientes histéricas que cuentan en los historiales de Freud (aunque no haya
sido su paciente), Anna. O.
Durante el tratamiento que llevara a cabo Josef
Breuer en 1881, con dicha paciente, la misma daría en llamarlo la “cura por el
habla”23. Así entendido, y volviendo a lo dicho en
aparece el síntoma a la manera de una formación de compromiso, satisfaciendo las imposiciones del Yo y de lo inconsciente simultáneamente, pero ninguna en su totalidad. Lo emergente no responde por completo ni a los requerimientos del Yo ni a la necesidad expresiva de lo inconsciente y, empero, deja satisfecho a ambos, en tanto la victoria no ha sido completa pero la derrota tampoco.”
aparece el síntoma a la manera de una formación de compromiso, satisfaciendo las imposiciones del Yo y de lo inconsciente simultáneamente, pero ninguna en su totalidad. Lo emergente no responde por completo ni a los requerimientos del Yo ni a la necesidad expresiva de lo inconsciente y, empero, deja satisfecho a ambos, en tanto la victoria no ha sido completa pero la derrota tampoco.”
En párrafos anteriores, el camino hacia la cura
está dado por el intercambio de palabras. Como diría John Forrester:
“… todas las condiciones necesarias para esta
curación en las condiciones necesarias del lenguaje”24
Recordando
lo expuesto en el acápite anterior, antes incluso de haber creado el Psicoanálisis
(1890), en la época comúnmente llamada Pre -psicoanalítica, Freud había
depositado todo su interés en el “poder de las palabras”:
“Las palabras son la herramienta esencial para el
tratamiento mental. Sin duda, a los legos les será difícil entender cómo es que
pueden eliminarse las alteraciones patológicas y de la mente por medio de
“meras” palabras. Sentirán que se les está pidiendo que crean en la magia. Y no
estarán tan errados, puesto que las palabras que usamos en nuestra habla
cotidiana no son otra cosa que una magia deslavada. Pero tendremos que hacer un
rodeo para explicar cómo la ciencia se propone devolver a las palabras por lo
menos una parte de su antiguo poder mágico”25
Ahora bien, ¿qué es lo que hay que verbalizar,
según Freud, para encontrar un camino hacia lo que podríamos considerar, un
“estado menos doloroso”?, ¿qué relación guarda éste con el inconsciente?:
“…la meta del psicoanálisis es ir más allá de las
ideas que se presentan ante la consciencia en forma verbal, en un intento por
reconstruir estos procesos de pensamiento inconscientes y preverbales…
Podríamos llamar a esta nueva línea la concepción instrumentalista u
operacionalista del inconsciente, expresada por Freud de manera sucinta en una
carta a Groddeck…: “Así, el inconsciente es algo milagroso, un signo de la
falta de una mayor familiaridad (conocimiento)…” o en términos más claros, en
Un esbozo del psicoanálisis:
Hemos descubierto métodos técnicos para llenar las lagunas en los fenómenos de nuestra consciencia, y utilizamos estos métodos en la misma forma como un físico utiliza la experimentación. De este modo, inferimos un buen número de procesos que en sí son “incognoscibles”, y decimos: “En este momento intervino un recuerdo inconsciente”; esto significa que en este momento ocurrió algo de lo cual no podemos formarnos una concepción, pero que si hubiera entrado en nuestra consciencia, sólo podría describirse de tal o cual manera”26
Hemos descubierto métodos técnicos para llenar las lagunas en los fenómenos de nuestra consciencia, y utilizamos estos métodos en la misma forma como un físico utiliza la experimentación. De este modo, inferimos un buen número de procesos que en sí son “incognoscibles”, y decimos: “En este momento intervino un recuerdo inconsciente”; esto significa que en este momento ocurrió algo de lo cual no podemos formarnos una concepción, pero que si hubiera entrado en nuestra consciencia, sólo podría describirse de tal o cual manera”26
En cuanto a la relación que esto guarda con el
inconsciente resulta de suma importancia agregar, que en 1915 Freud dijo que:
“…lo que caracteriza a una representación como
inconsciente es la falta de traducción a palabras. Las ideas que, por una u
otra razón, no podían expresarse en palabras –por ejemplo, el misterio ligado a
los genitales—tendían a formar el núcleo del inconsciente reprimido” 27
De esta forma, en el caso de la histeria al igual que en el de la depresión que intentara introducir Salamonovitz, la cura residiría en las palabras. De una u otra forma, el vínculo analítico supone un sujeto que habla y otro que escucha y entre ambos, lo que se juega es el deseo:
De esta forma, en el caso de la histeria al igual que en el de la depresión que intentara introducir Salamonovitz, la cura residiría en las palabras. De una u otra forma, el vínculo analítico supone un sujeto que habla y otro que escucha y entre ambos, lo que se juega es el deseo:
“La cura por el habla se aparta de la relación
dramática entre el doctor y el paciente frente a las palabras de la persona
histérica; la mirada del doctor se aleja del cuerpo del paciente, creando así
la presencia de un amo, a la vez que llena el campo de la consciencia de la
histérica y le permite convertirse en el deseo del juguete del amo, es decir,
le permite “satisfacer” su propio deseo.”28
Ahora bien, en la introducción de este trabajo,
nos propusimos una aproximación a la noción del síntoma, desde una perspectiva
psicoanalítica freudiana, trazando un recorrido, en cierta forma “histórico”,
que nos llevó a profundizar en la importancia del lenguaje en dicha obra, como
vía metafórica hacia una aproximación a la estructuración del inconsciente. Lo
que nos permitió llegar hasta la etiología misma de los síntomas, entendidos
como fenómenos de naturaleza psíquica, que pueden cobrar expresión a través de
exteriorizaciones corpóreas. Así pudimos ver qué intentaban decirnos esos
síntomas. Pero con Salamonovitz, nos encontramos con el silencio que representa
al “mal de nuestra época”. Ahora bien, si la cura a este mal residiría en las
palabras, en el llegar a decirle a otro que escuche, a fin de que en ese
espacio surja el deseo. ¿Qué tipo de escucha le brinda el Psiquiatra (como
representante del Modelo médico) al sujeto? ¿Qué entiende este profesional de
la salud por síntoma? ¿A partir de que elementos teórico – metodológicos
abordará al síntoma?
D. DSM y síntoma en Psiquiatría
El Manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales o en inglés, Disease Statistical Manual (DSM) de la
American Psychiatric Association (Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos),
está fundado en el modelo de las Ciencias médicas pero a diferencia de ésta, no
describe enfermedades sino “trastornos”. Los cuales son entendidos de la
siguiente manera:
“Síndrome o patrón comportamental o psicológico de significación clínica que aparece asociado a un malestar (por ejemplo dolor), a una discapacidad (por ejemplo deterioro de una o más áreas de funcionamiento) o a un riesgo significativamente aumentado de morir o de sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad..."29
“Síndrome o patrón comportamental o psicológico de significación clínica que aparece asociado a un malestar (por ejemplo dolor), a una discapacidad (por ejemplo deterioro de una o más áreas de funcionamiento) o a un riesgo significativamente aumentado de morir o de sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad..."29
El propósito del DSM-IV, estará dirigido a llegar
a un diagnóstico claramente categorizado para que las diferentes áreas de la
salud; puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información a fin de fijar
el adecuado tratamiento de los distintos trastornos mentales.
Esta obstinación, ubica al DSM-IV en un lugar preferencial en la esfera del psicodiagnóstico clínico.
Esta obstinación, ubica al DSM-IV en un lugar preferencial en la esfera del psicodiagnóstico clínico.
En el DSM- IV, las entidades clínicas fueron
abandonadas y reemplazadas por la noción de “trastorno”, en beneficio de una
caracterización sintomática. Así el diagnóstico, siempre es presuntivo nunca
definitivo; ya que puede ir variando en el tiempo, en tanto éste se hace a
partir de los síntomas que el sujeto presenta sincrónicamente al momento de la
evaluación clínica.
De esta forma podemos decir, que “éste manual
actúa desde el síntoma”. Toda categoría es entendida y comprendida desde las
manifestaciones observables, de modo que cualquier clínico sea capaz de
efectuar una evaluación similar bajo condiciones equivalentes. Los conceptos de
fondo son “la comprobación, la replicabilidad y la pretensión de objetividad”,
principios que coinciden a la perfección con los fundamentos de las ciencias
positivistas a las que responde el Sistema médico en su conjunto; y la
Psiquiatría en particular, a partir del deseo imperioso de ser legalmente
aceptada como ciencia y por ende, rama legítima de la medicina.
En 1991, J. Dor plantearía que:
"…en toda práctica clínica, es habitual
tratar de establecer correlaciones entre la especificidad de los síntomas y la
identificación de un diagnóstico... No obstante, si ese dispositivo causalista
es eficaz, es porque el cuerpo responde a un proceso de funcionamiento él mismo
regulado según un principio idéntico... Si este principio es uniformemente
válido en los diversos campos de la clínica médica, de ningún modo lo es en el
espacio de la clínica psicoanalítica" 30
En este punto es como si nuevamente nos
encontráramos ante la mutabilidad e inmutabilidad del signo lingüístico que
expusiéramos anteriormente. La propuesta del DSM-IV es que ciertas alineaciones
de criterios establecen un cuadro. No obstante, esa tentativa de correlación,
en términos de Dor, solamente sería válida en función de la existencia de un
principio causalista que ocasionara tal estabilidad. La incertidumbre recae
entonces sobre la existencia o no de dicho principio.
Por un lado, encontramos el argumento de Dor,
para el cual resulta casi imposible encontrar una correlación permanente entre
los síntomas que caracterizan un trastorno determinado, planteando que a tales
fines, sería necesario que existiera un principio causalista, que ocasionara
tal estabilidad. Mientras que por el otro, resulta verosímil la emergencia de
configuraciones sintomáticas que tienden a presentarse periódicamente, así como
el hecho de que los criterios DSM no se corresponden con meras hipótesis u
observaciones azarosas. No obstante, la presencia de cierta regularidad en las
manifestaciones psicopatológicas, no lleva a que todo diagnóstico deba ser
establecido desde la condición observable del síntoma, desde el síntoma tal
cual se manifiesta, ya que podría suceder que un conjunto de síntomas
correspondiera a causas distintas. Los síntomas psíquicos pueden presentarse
unidos bajo el influjo de diversas etiologías. Cuando se instaura una
categoría, y por tanto se la diferencia de otras, implícitamente (o puede que
explícitamente) se establece que tal cuadro posee una causa que lo
individualiza. De lo contrario, la sintomatología sólo correspondería a una
variante de una clase preexistente y correspondería clasificarla como un
subtipo.
Si bien los avances médicos en el área de la clínica orgánica han logrado novedosos y avanzados desarrollos tecnológicos, para la evaluación y el tratamiento de los mismos; no podemos decir que tales avances encuentran un correlato en el campo de la llamada “salud mental”. No obstante, resulta notorio que aun cuando se desconocen las causas de la mayoría de las categorías psiquiátricas (y se seguirá desconociendo en tanto no se reconozca la naturaleza de los hechos psíquicos), se ha dado crédito a los modelos de clasificación por medio de síntomas, lo cual, desde esta lógica, podría resultar altamente cuestionable (e incluso, paradójico). Una gran parte de las psicopatologías especificadas en los manuales permanecen aún indescifrables en cuanto a su causa principal, a pesar del progreso científico. Lo que corresponde con la idea de Dor, según la cual “el potencial de comprensión depende de la cualidad del objeto de análisis”, lo que dicho de otra manera, sería como intentar descubrir algo que en el objeto real no existe (lo que nos recuerda a la lógica saussureana respecto al nexo, que descalificara Lacan e incluso el mismo Freud, entre sdo. – ste.).
De esta forma, volviendo al principio de estabilidad que nos exhortara a buscar Dor, podemos responder que, en el nivel psíquico, es sólo parcial. De este modo:
Si bien los avances médicos en el área de la clínica orgánica han logrado novedosos y avanzados desarrollos tecnológicos, para la evaluación y el tratamiento de los mismos; no podemos decir que tales avances encuentran un correlato en el campo de la llamada “salud mental”. No obstante, resulta notorio que aun cuando se desconocen las causas de la mayoría de las categorías psiquiátricas (y se seguirá desconociendo en tanto no se reconozca la naturaleza de los hechos psíquicos), se ha dado crédito a los modelos de clasificación por medio de síntomas, lo cual, desde esta lógica, podría resultar altamente cuestionable (e incluso, paradójico). Una gran parte de las psicopatologías especificadas en los manuales permanecen aún indescifrables en cuanto a su causa principal, a pesar del progreso científico. Lo que corresponde con la idea de Dor, según la cual “el potencial de comprensión depende de la cualidad del objeto de análisis”, lo que dicho de otra manera, sería como intentar descubrir algo que en el objeto real no existe (lo que nos recuerda a la lógica saussureana respecto al nexo, que descalificara Lacan e incluso el mismo Freud, entre sdo. – ste.).
De esta forma, volviendo al principio de estabilidad que nos exhortara a buscar Dor, podemos responder que, en el nivel psíquico, es sólo parcial. De este modo:
"…en lo que concierne a la causalidad
psíquica, hay también determinismo, pero se trata de un determinismo psíquico
que no obedece a tales líneas de regularidad. En otros términos, no existen
acomodaciones estables entre la naturaleza de las causas y la de los
efectos" 31
De lo expuesto hasta aquí podemos resumir, que la
incongruencia de la relación que la psiquiatría guarda con el síntoma reside en
considerarlo como evidencia única y definitoria del diagnóstico (sdo. – ste.),
entendido únicamente además, desde una perspectiva superficial, obvia y
evidente. Respecto a esta forma de entender al síntoma por parte de la
psiquiatría diría Freud:
"... la psiquiatría clínica hace muy poco
caso de la forma de manifestación y del contenido del síntoma individual, pero
que el Psicoanálisis arranca justamente ahí y ha sido el primero en comprobar
que el síntoma es rico en sentido y se entrama con el vivenciar del
enfermo"32
Desde el Psicoanálisis, el síntoma posee una faceta doble, una evidente-obvia y otra subyacente-oculta. La cara evidente del síntoma es directamente observable, susceptible de ser descrita por el clínico de un modo claro y objetivo; el nivel de comprensión es descriptivo, supuestamente sin interferencia de interpretaciones o deducciones subjetivas. Este es el ámbito propiamente psiquiátrico, donde configuraciones de síntomas dan cuenta de las enfermedades. En contraparte, el aspecto subyacente y oculto del síntoma expresa que el ámbito obvio es sólo un su disfraz. Habla sobre lo que está contenido en el síntoma pero que al mismo tiempo no es totalmente explicable desde él, hay algo que falta, algo que permanece escondido:
Desde el Psicoanálisis, el síntoma posee una faceta doble, una evidente-obvia y otra subyacente-oculta. La cara evidente del síntoma es directamente observable, susceptible de ser descrita por el clínico de un modo claro y objetivo; el nivel de comprensión es descriptivo, supuestamente sin interferencia de interpretaciones o deducciones subjetivas. Este es el ámbito propiamente psiquiátrico, donde configuraciones de síntomas dan cuenta de las enfermedades. En contraparte, el aspecto subyacente y oculto del síntoma expresa que el ámbito obvio es sólo un su disfraz. Habla sobre lo que está contenido en el síntoma pero que al mismo tiempo no es totalmente explicable desde él, hay algo que falta, algo que permanece escondido:
"Para decirlo ahora más directamente:
mediante la indagación de los histéricos y otros neuróticos llegamos a
convencernos de que en ellos ha fracasado la represión de la idea entramada con
el deseo insoportable. Es cierto que la han pulsionado afuera de la conciencia
y del recuerdo, ahorrándose en apariencia una gran suma de displacer, pero la
moción de deseo reprimida perdura en lo inconsciente, al acecho de la
oportunidad de ser activada; y luego se las arregla para enviar dentro de la
conciencia una formación sustitutiva, desfigurada y vuelta irreconocible, de lo
reprimido, a la que pronto se anudan las mismas sensaciones de displacer que
uno creyó ahorrarse mediante la represión. Esa formación sustitutiva de la idea
reprimida -el síntoma- es inmune a los ataques del yo defensor, y en vez de un
breve conflicto surge ahora un padecer sin término en el tiempo.” 33
III. Conclusiones.
Siendo consecuentes con la lógica del
Inconsciente como “atemporal”, empecemos por la conclusión final a la que nos
llevó este trabajo: “Negarnos a la escucha, corresponde a negar lo
característico del ser humano, nuestra propia Naturaleza (entendida desde lo
simbólico, no desde la Naturaleza animal)”.
¿Qué queremos decir con esto?
Volvamos sobre dos elementos de la clínica
psicoanalítica a fin de sustentar dicha afirmación:
1. El método creado por Anna O., la paciente histérica que trató J. Breuer a fines del S. XIX: “Talking cure” («cura de conversación») y el humorístico de “chimney-sweeping” (limpieza de chimenea).
1. El método creado por Anna O., la paciente histérica que trató J. Breuer a fines del S. XIX: “Talking cure” («cura de conversación») y el humorístico de “chimney-sweeping” (limpieza de chimenea).
Que en la actualidad podría ser complementado,
según las aportaciones de Salamonovitz, de la siguiente manera:
“…la cura residiría en las palabras. De una u
otra forma, el vínculo analítico supone un sujeto que habla y otro que escucha
y entre ambos, lo que se juega es el deseo:
“La cura por el habla se aparta de la relación
dramática entre el doctor y el paciente frente a las palabras de la persona
histérica; la mirada del doctor se aleja del cuerpo del paciente, creando así
la presencia de un amo, a la vez que llena el campo de la consciencia de la
histérica y le permite convertirse en el deseo del juguete del amo, es decir, le
permite “satisfacer” su propio deseo.”34
2. Y de esta forma llegamos al segundo punto que
interesa destacar:
Entendiendo la depresión como la presenta
Salamonovitz: “un padecimiento que produce la presencia de un deseo
irrealizable; siendo en consecuencia una entidad “diferente al síntoma”, en
tanto consiste precisamente en el silencio (abordado como momento anterior a la
palabra), en la incapacidad de encontrar alguna vía para expresar nuestro deseo
(posibilidad de decir algo en cualquier lenguaje)”.
Ahora sí tenemos los elementos suficientes para
explicar nuestra conclusión, e introducir, a la vez, una crítica a la
Psiquiatría, en tanto método de abordaje de los síntomas.
Nos preguntábamos al comienzo de éste trabajo: ¿qué tipo de escucha brinda dicho modelo [Médico- Psiquiátrico] al síntoma?
Nos preguntábamos al comienzo de éste trabajo: ¿qué tipo de escucha brinda dicho modelo [Médico- Psiquiátrico] al síntoma?
Ciertamente no brinda la escucha del
sujeto-pasivo, dispuesto a dejarse amar por el otro demandante, a fin de
orientarlo, hasta que surja su propio deseo.
Por el contrario, ocupa el lugar del Otro, de ese
otro fálico, que lo tiene todo, que lo devora, que lo silencia en su mundo de
etiquetas, no de individuos. Mundo en donde no existen singularidades, sino
regularidades que se repiten sistemáticamente en nexos lógicos e inmutables,
como los signos saussureanos.
“Si presenta 3 de 7 es un…” una parte de la masa,
amorfo, heterogénea y heteróclita de trastornos del estado de ánimo,
depresivos, distímicos o con el complemento que mejor les acomode. Es
increíble, el precio que tiene incorporar una nueva entidad diagnóstica al DSM,
comentaba el Dr. Juan Carlos Volnovich35, como dato anecdótico al dar
testimonio de la desorbitante suma que se le había ofrecido por parte de
reconocidas empresas farmacéuticas, por aportar los argumentos suficientes a
fin de incluir una nueva categoría diagnóstica, en dicho manual, vinculada a
los efectos post traumáticos sucedidos en Argentina, tras la última dictadura
militar de 1976.
Si tiene más de 12 años y su peso es superior o
igual a los 40 Kg la dosis… que callará a su síntoma equivale a tantos
miligramos… que no guardan una relación directamente proporcional con las
ganancias que reciben los representantes del Modelo Médico Hegemónico36.
La Psiquiatría no escucha, la Psiquiatría
des-subjetiviza, “normaliza”, según estándares establecidos
consuetudinariamente, por las normas establecidas por el Modelo Médico
Hegemónico.
Hay que callar al síntoma, a la queja histérica,
al delirio psicótico, porque molestan. Nos molesta lo que nos vienen a decir,
nos molesta que a la manera de “chivos expiatorios”, se presenten como el
Morfeo del film Matrix, pero sin ninguna intención de ofrecernos la “pastilla”
que nos haga capaces de ver la realidad que nos rodea. Esa sería una respuesta
al estilo psiquiátrico. Ellos simplemente están, no dirigen su mirada hacia
nosotros, no obstante, se presentan como reflejo de aquello que también forma
parte de nuestra psique. Eso es lo que nos resulta inaceptable.
En la época de Freud, “el gran mal”, síntoma de
una sociedad represiva e hipócrita que inhibía (e incluso negaba) las
manifestaciones sexuales del individuo casi manda a Freud a la hoguera. Aunque
se puede destacar, que en un sentido simbólico, si se lo incineró. Sus obras fueron
prohibidas y “quemadas”, en el Imperio Nazi. La palabra escrita, símbolo de la
palabra oral, intentó ser “silenciada”.
En nuestra época la “depresión”, los trastornos
narcisistas, producto de una sociedad que tiende a borrar al sujeto, llama año
tras año a diferentes disciplinas, a valerse de ellas en
su deseo por sepultar al psicoanálisis. Pero, vaya paradoja, el Psicoanálisis sigue vivo, a no ser que se trate: "un morto che parla", o mejor dicho "un morto di ascolto".37
su deseo por sepultar al psicoanálisis. Pero, vaya paradoja, el Psicoanálisis sigue vivo, a no ser que se trate: "un morto che parla", o mejor dicho "un morto di ascolto".37
Bibliografía
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psicoanálisis”. Bs. As., Editorial Manantial.
Fdéz. Arcila, M. (2001) “Del inconsciente
freudiano al significante lacaniano”, Medellín, Edit. Universidad de Antioquia.
Forrester, J. (1989) "El lenguaje y los
orígenes del psicoanálisis", México, D. F., Fondo de Cultura Económica.
Freud, S. (1981):
“Conferencias de introducción al psicoanálisis”,
en Obras completas Vol. XVI, Bs. As., Editorial Amorrortu.
“Lo inconsciente”, en Obras completas, Vol. XIX
Bs. As., Editorial Amorrortu.
“Sobre la psicoterapia de la histeria”, en Obras
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Guilheim, P. (1974) “El curso de lingüística
general de F. de Saussure y la enseñanza de las lenguas”, en Cuaderno H –
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Pierre Pichot, Juan José López-Ibor Aliño,
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Salamonovitz, A. (1999) “Del silencio a la
palabra” Reflexiones psicoanalíticas sobre la depresión”, México: Círculo
Psicoanalítico Mexicano
Savio, N. (2006) “El síntoma en los inicios de la
originalidad freudiana”, Publication: Fundamentos en Humanidades. http://www.articlearchives.com/science-technology/behavior-cognition-psychology/350252-1.html
revisado por última vez el viernes 20 de marzo de 2009, 01:02 a.m.
S/A, (2008) “Síntoma y diagnóstico en Psiquiatría
y Psicoanálisis”
http://undiasinpensamiento.obolog.com/sintoma-diagnostico-psiquiatria-psicoanalisis-61690,
revisado por última vez el viernes 20 de marzo
NOTAS:
1 Freud, S. (1978-1981) “Lo inconsciente”, en
Obras completas, Vol. XIX Bs. As., Editorial Amorrortu.
2 Ferdinand de Saussure, fue el fundador de la
lingüística. Las bases de esta ciencia quedaron asentadas en el curso de
Lingüística General, que dictara en la Universidad de Ginebra, Suiza (su país
natal), en el período comprendido entre 1906 – 1911, poco antes de su muerte.
En el presente trabajo nos limitaremos únicamente, a rescatar la parte del
curso que dedicara a los Principio Generales de dicha ciencia.
3 De Saussure, F. (1972) “¿Qué es la
lingüística?”, en Cuadernos populares, La Habana, Instituto cubano del libro.
P. 13
4 Ídem. P. 12
5 Guilheim, P. (1974) “El curso de lingüística
general de F. de Saussure y la enseñanza de las lenguas”, en Cuaderno H –
Lingüística, La Habana, Editorial Pueblo y Educación. P. 95. El texto resaltado
en negritas es nota mía.
6
De Saussure, F. 1972, Ob. Cit. P. 20
7
Guilheim, P. 1974, Ob. Cit. p. 96
8
De Saussure, F. 1972, Ob. Cit. P. 38
9 Ídem, P. 38
10
Ídem, P. 39 – 41
11
Ídem P.42 – 43
12
De Saussure, F. 1972, Ob. Cit. P. 47 – 48.
13
Ídem P. 51
14
Guilheim, P., 1974, Ob. Cit. 96 – 97.
15 Fdéz. Arcila, M. (2001), “Del inconsciente
freudiano al significante lacaniano”, Medellín, Edit. Universidad de Antioquia,
P. 222.
16 Freud, S. (1978-1981.) “Sobre la psicoterapia
de la histeria” en Obras completas. Vol. II, Bs. As., Editorial Amorrortu. P.
279.
17 Fdéz. Arcila, M. (2001) P. 36
18 Freud, S. (1978- 1981) “Lo inconsciente”, Ob.
Cit. P. 199
19 Savio, N. (2006) “El síntoma en los inicios de
la originalidad freudiana.”, Publication: Fundamentos en Humanidades. http://www.articlearchives.com/science-technology/behavior-cognition-psychology/350252-1.html
revisado por última vez el viernes 20 de marzo de 2009, 01:02 a.m.
20 En, “Síntoma y diagnóstico en Psiquiatría y
Psicoanálisis” 2008, http://undiasinpensamiento.obolog.com/sintoma-diagnostico-psiquiatria-psicoanalisis-61690,
revisado por última vez el viernes 20 de marzo de 2009, 01:02 a.m.
21 Salamonovitz, A. (1999): “Del silencio a la
palabra” Reflexiones psicoanalíticas sobre la depresión, Mx, Editorial del
Círculo Psicoanalítico Mx. P. 24 – 25.
22 “…una segunda escena traumática
<<auxiliary>>, ocurrida contemporáneamente o a posteriori del
despertar sexual (aquí llámese adolescencia) activaría el recuerdo de una
primera vivencia (prematura) que solo con efecto retroactivo devendría
traumática. Se trataría de:
“... una acción póstuma de un trauma sexual"
(Freud, 1992).
La resignificación sexual de la primera, se lograría según S. Freud, en este momento de sus desarrollos teóricos, en la <<maduración sexual>>. Surgiría de esta manera, una <<tesis válida sin excepción>>:
La resignificación sexual de la primera, se lograría según S. Freud, en este momento de sus desarrollos teóricos, en la <<maduración sexual>>. Surgiría de esta manera, una <<tesis válida sin excepción>>:
"Ningún síntoma histérico puede surgir de
una vivencia real sola, sino que todas las veces el recuerdo de vivencias
anteriores [a la madurez sexual], despertado por vía asociativa, coopera en la
causación del síntoma" (Freud, 1992).
Desestima así la noción de temporalidad lineal y
cronológica. Al plantearse la posibilidad de que un recuerdo genere mayor
displacer que la vivencia correspondiente, instala el nachträglich y la
resignificación como supuestos. El recuerdo como <<actual>> abriría
una vía hacia la temporalidad inconsciente.”, en Savio, N. (2006) Ob. Cit. http://www.articlearchives.com/science-technology/behavior-cognition-psychology/350252-1.html
23 “…consiste en re-evocar el recuerdo del trauma
y en poner en palabra el afecto asociado al recuerdo […] reprimido de una
experiencia sexual infantil… ahora esta capacidad era propia sólo de aquel
período de la vida de una persona en que no podía traducir ninguna idea a la
consciencia verbal: los primeros cuatro años” Forrester, J. (1989) "El
lenguaje y los orígenes del psicoanálisis", México, D. F., Fondo de
Cultura Económica, P. 49- 51.
24 Ídem, p. 18
25 Ídem, p. 29 (corresponde a una cita de Freud)
26 Ídem, p. 21 – 22
27 Ídem, p. 54. Lo que corresponde con la idea de
la Represión primaria, núcleo de atracción de los elementos reprimidos tras la
represión secundaria. Según esta teoría, es imposible llegar al núcleo de lo
reprimido.
28 Ídem, p. 59
29 Pierre Pichot, Juan José López-Ibor Aliño,
American Psychological Association, Robert L. Spitzer, Manuel Valdés Miyar,
(1995) DSM-IV: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales,
Barcelona, Masson S. A. Introducción, p. 21.
30 Dor, J. (1991). Estructuras clínicas y
psicoanálisis. Bs. As., Editorial Manantial. P. 21
31 Dor, J. (1991), Ob. Cit. p. 21
32 Savio, N. (2006) Ob. Cit. http://www.articlearchives.com/science-technology/behavior-cognition-psychology/350252-1.html
33 Freud, S. (1978-1981) #Conferencias de
introducción al psicoanálisis” en Obras completas. Vol. XVI, Bs. As., Editorial
Amorrortu.
34 Página 15 de éste trabajo
35 Conferencias dictadas por el Dr. J. C.
Volnovich en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Cuba,
durante el mes de marzo de 2005.
36 Para mayor información respecto a dicho
modelo, se sugiere revisar el texto de: Menéndez, E. (1990). Morir de alcohol.
México: Alianza. Cáp. 3. El Modelo Médico Hegemónico. Estructura, función y
crisis.
37 “un muerto que habla”… “un muerto que escucha”
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